Todas las mañanas Jesús Márquez enciende su motocicleta con un objetivo: entregar alimentos a sus coterráneos vulnerables en Guayaquil. Al igual que decenas de voluntarios asiste a venezolanos en Ecuador afectados por la cuarentena. Sabe que gran parte de sus compatriotas lleva más de un mes sin percibir ingresos. 

“No podemos dejar que nuestra gente se nos muera de hambre”, declaró Márquez. El tachirense relata que llena su morral de alimentos, lo carga a su espalda y recorre Guayaquil de norte a sur. Dice ser consciente de la situación de muchas familias: al borde del desahucio. 

De acuerdo con el Gobierno de Ecuador, 89% de los 400 mil venezolanos que viven en el país trabajan en el comercio informal, sector directamente afectado por la crisis producto del estado de emergencia por el COVID-19. 

Escenas impactantes

Darío Peroza, oriundo de San Fernando de Apure (occidente de Venezuela), es uno de los motorizados venezolanos comprometidos con ayudar. Al igual que Márquez, transporta alimentos suministrados por fundaciones que, desde mediados de marzo, recolectan víveres y medicinas destinadas a los más vulnerables de la colonia venezolana. 

Durante sus recorridos previos al 25 de abril, Peroza fue testigo de escenas que le afectaron: “Vi muchos cuerpos tirados frente a las casas. Lo más impactante que vi fue el cadáver de un hombre tendido sobre un banco de la calle tapado con cartón”. 

También vió filas de camionetas con ataúdes en sus cavas y de carros con urnas amarradas al techo en la entrada de los cementerios. Debido a la cantidad de fallecidos en Guayaquil durante las últimas semanas, la ciudad se convirtió en el epicentro de la pandemia en Ecuador. Esas largas filas de vehículos a Peroza le recordaban a las que se pueden ver en Venezuela. “Allá la gente busca llenar el tanque del carro y se hacen colas en la bombas, aquí las personas esperan enterrar a sus familiares”. 

Hasta el 28 de abril, el Gobierno de Ecuador cuenta 24.258 personas contagiadas con la enfermedad, 871 fallecidos y otros 1.366 sospechosos de haber muerto por COVID-19.

Pedaleando por los venezolanos en Ecuador

La ayuda no solo llega en moto. El venezolano José Guevara, junto a otros colaboradores de la Fundación Mueve, llevaron alimentos en bicicletas los primeros días de la cuarentena. “Eso lo hicimos al comienzo pero, como era tan matador, tuvimos que buscar apoyo de personas con carros o motos”, recordó el voluntario. 

La última vez que repartió vivieres en bicicleta recorrió al menos 20 kilómetros en cinco horas. “Me descompensé, casi me desmayo. Me dio fiebre y caí en cama. Tenía muchos años que no manejaba bicicleta”, explicó el hombre de 43 años. De allí en adelante, decidió ayudar de otra manera. Empezó a entregar bolsas con alimentos que recibe de la Fundación Mueve.

Hasta 20 kilómetros a pie por alimentos

Guevara recibe en un local —ubicado a  a pocos metros del Estadio Capwell en el centro sur de la ciudad— entre diez y veinte venezolanos diariamente, provenientes de diferentes sectores de la ciudad. “Aquí llegan personas que se vienen caminando desde Monte Sinaí (norte oeste de Guayaquil) y desde El Fortín”, cuenta todavía sorprendido por las distancias. 

Al realizar un cálculo de la distancia que una persona debe hacer para obtener una bolsa de alimentos, se estima que si proviene del sector Monte Sinaí debe recorrer 20 kilómetros. Quien lo haga desde El Fortín debe transitar 16 kilómetros. Si a eso se le suma el retorno, el tiempo de caminata puede ser de hasta ocho horas. 

El transporte público está parcialmente suspendido, solo algunos buses transitan por la ciudad en rutas específicas y solo hasta las 2 de la tarde, hora cuando comienza el toque de queda impuesto desde el 25 de marzo en todo el país. Por eso, la mayoría de los habitantes de Guayaquil se trasladan en carros particulares, transportes privados o taxi. Medios a los que no pueden acceder muchos de quienes no cuentan con ingresos.

Organizados para contribuir

En Guayaquil, la Fundación Mueve —cuya directiva y fundadores son venezolanos— ha entregado más de 1.000 bolsas de alimentos a familias de alrededor de cinco miembros. Estas han sido repartidas por entre cinco y diez motorizados, dependiendo de la disponibilidad de voluntarios.  

Su presidente, Andreu Castro, señaló que los alimentos son donados por venezolanos en una situación económica estable, ecuatorianos caritativos y organizaciones no gubernamentales como el Banco de Alimentos. 

También en Quito los venezolanos se han organizado para ayudar. La Fundación Chamos Venezolanos en Ecuador y la Asociación Civil Venezolanos en Ecuador reparten alimentos por toda la capital ecuatoriana. Ambas organizaciones tienen una amplia trayectoria en el apoyo a los migrantes de la ciudad, experiencia que les permite diseñar un voluntariado para ayudar a parte de sus connacionales. 

“Sin la ayuda de otros venezolanos no tendríamos nada en la nevera”, confiesa Gabriela Torrealba, una de las beneficiarias de la ayuda. Ella, junto a su hijo de 17 años, se gana la vida vendiendo almuerzos a “dólar” en la calle, actividad que no ha podido realizar desde que comenzó el estado excepción decretado el pasado lunes 16 de marzo

“Desde que comenzó está pesadilla no hemos podido ganar nada de dinero”, indicó la mujer nacida en el estado Táchira. Torrealba sabe que la ayuda no durará mucho tiempo, aunque le permite prepararse para las próximas semanas, cuando termine la cuarentena. 

 

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