Y así aparecieron los tequeños con chimichurri

A través del Festival Venezuela Gastronauta, Lía Valeri, organizadora de diferentes encuentros y radicada desde hace 15 años en el país, logró reunir a más de 40 emprendedores que llegaron en los últimos años y fueron incorporando nuevos sabores a las mesas argentinas.

Jessica Manzo dejó Venezuela una Navidad y se reinventó en la siguiente.

Tomó un avión rumbo a Argentina el 24 de diciembre de 2016. Llegó con su hijo de un año y su mamá, con la intención de trabajar y seguir estudiando un posgrado, ya que es abogada y archivóloga.

Pero un año después las cosas no habían salido como era esperado, y otra vez la Navidad fue una señal de cambio. Entonces inició su emprendimiento gastronómico haciendo hallacas, una comida típica de esas fechas tan importantes en Venezuela: “Había una ola creciente de venezolanos llegando al país, sobre todo jóvenes, que no tenían a sus padres que los consintieran. Comencé el negocio pensando en la cocina que te hace recordar los sabores de mamá”.

Durante los últimos años la gastronomía venezolana se extendió por todo el país. No hay estadísticas oficiales, pero sí pistas que reflejan su crecimiento. “A principios del 2000 no existía prácticamente nada, y antes de la pandemia en ciudad de Buenos Aires había alrededor de 50 locales, la gran mayoría en Palermo y San Telmo”, explica Mario Vicenzopresidente de la Asociación de Venezolanos en Argentina (Asoven). La cifra, desde luego, no incluye los emprendimientos fuera del entorno porteño ni aquellos que son digitales y carecen de espacios físicos para las ventas directas, los cuales también se han disparado. 

La expansión además se refleja en el crecimiento de la oferta de negocios que distribuyen insumos para la cocina venezolana como los quesos llaneros o la harina de maíz precocida, que ya se vende en cadenas de supermercados.

Todo ha terminado con una avanzada de platos que antes eran desconocidos y ahora enriquecen los paladares y el vocabulario local. Arepas, tequeños, cachapas, hallacas, pastel de chucho, empanadas fritas, patacones, cachitos, piñitas y golfeados forman parte de la lista que se amplía a diario.

La tendencia no termina allí y tiene un reflejo menos cotidiano pero igual de importante: el surgimiento de encuentros gastronómicos, que reúnen a quienes están detrás de las nuevas cocinas y emprendimientos. Entre ellos han estado la Feria Popurrí -en la que además de platos también se ofrecen otros productos de emprendedores venezolanos-, la Feria de Sabores Venezolanos -que se realizó desde 2014 hasta 2019 en el Mercado de Pulgas de Villa Crespo-, y el Festival Venezuela Gastronauta, que es el más reciente y surgió durante la pandemia como continuidad y reemplazo de los encuentros presenciales. De hecho, quien estuvo a cargo de la coordinación de este último fue Ivanova Hidalgo, organizadora de la Feria de Sabores Venezolanos. El Festival contó con el apoyo de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Estuvo destinado a compartir nuestra cultura con la sociedad argentina y con la comunidad venezolana”, cuenta Lía Valeri, organizadora de Venezuela Gastronauta, una feria que tuvo lugar de manera virtual y reunió a más de 40 expositores

Valeri es venezolana y vive desde hace 15 años en Argentina. En su valija trajo la idea de emprender y ha estado asociada con distintas iniciativas de asistencia social, salud mental y culturales para la comunidad venezolana. La culinaria, sin embargo, le causó especial cariño porque a pesar de ser remota “logró conectar íntimamente a emprendedores, organizadores, auspiciantes y colaboradores, que se conocieron y se sumaron a esta gran corriente”.

Lo que le sucedió a Valeri es lo que ocurre con la mayoría de los emigrantes, que traen en el equipaje no solo sus duelos sino su lengua y su cocina materna como activos. “Salimos con una maleta de sabores y de experiencias que tienen que ver con la alimentación, con lo festivo, con lo ritual, lo histórico”, señala Ocarina Castillo, que entre otras cosas es investigadora y docente de antropología alimentaria.

En muchos casos esa gastronomía de origen es lo primero que el migrante intercambia con la sociedad que lo recibe, es lo que ayuda a conectar con las raíces y es un recurso básico al que echa mano para subsistir, tal como sucedió con muchos venezolanos en Argentina.

La nostalgia, sin embargo, no abandona el sazón. “Lo más difícil, lo que más se extraña de esta migración con respecto a la gastronomía, es poder sentarte en la misma mesa con las personas que tú quieres”, dice Magda Da Silva, que llegó desde la región de los Altos Mirandinos a Buenos Aires hace 4 años, y ahora tiene un local en Balvanera que ofrece platos típicos venezolanos.

“Venezuela Gastronauta” se realizó entre el 14 y el 18 de abril de 2021. Valeri relató que la feria fue impulsada por la asociación Alianza por Venezuela, una organización civil creada en 2018 en Buenos Aires, que trabaja junto a otras instituciones nacionales e internacionales. “La asociación brinda orientación sobre el proceso migratorio, ayuda humanitaria y social, acompañamiento en salud, y se realizan actividades de promoción de los valores culturales de ambos países”, explica.

El Festival utilizó un método novedoso: se realizó a través de las redes sociales y de “TuMingo”, una aplicación móvil gratuita pensada para que los venezolanos puedan ofrecer sus servicios y productos.

Allí se promocionaron platos y se organizó un servicio de venta por delivery. También se brindaron charlas, conferencias y capacitaciones destinadas a gastronómicos y al público en general.

Esas sesiones virtuales ayudaron a tejer redes entre participantes y organizadores, como sucedió con los demás encuentros.

Tres ejemplos de emprendedores que formaron parte del festival son el de Manzo, cuyo negocio se llama Ná Güará Chamo; el de Da Silva, que creó “Pechés Magda” y el de Paola Alfonzo y Aquiles Rodríguez, fundadores de “Café con Cuentos”, un lugar que combina el café con la oferta de platos venezolanos e híbridos con la cocina argentina.

A todos los unió la necesidad de sentir un poco de Venezuela en cada sabor, el ideal de que otras personas experimenten lo mismo, y las ganas de seguir adelante. “La Feria Gastronauta como tal se convirtió en una organización propia con personas adicionales a las de Alianza por Venezuela. Surgió una hermandad bien bonita”, afirma Da Silva.  Los emprendimientos que tenían local de venta al público hicieron de vitrina para aquellos que no, como es el caso de Manzo.

También resultó satisfactorio para todos el interés del público local en la feria. “Los argentinos mostraron curiosidad y fueron muy buenos comensales y replicadores. El público venezolano, nostálgico y emocionado a la vez”, comenta Valeri.

Sabores de aquí y de allí

Amantes del sabor del café, Paola Alfonzo y Aquiles Rodríguez son socios. Llegaron a Argentina en 2017. Se conocieron antes en Caracas, cuando Paola decidió aprender nuevas técnicas para poder abrir un negocio en Buenos Aires. Rodríguez impartía las clases en la Escuela Venezolana de Café y ella lo invitó a unirse al viaje. Así crearon Café con Cuentos, ubicado en Recoleta. 

En su menú hay platos venezolanos como tequeños, cachapas y arepas, pero también hay otros que son resultado de la fusión de sabores. Al llegar decidieron contratar especialistas argentinos, junto con quienes crearon ensaladas que combinan ingredientes locales y tropicales y también el sándwich “Mi querencia”, una de las estrellas de su oferta. “Es un sándwich de milanesa de pollo con aderezo de mandioca y plátano frito. Se llama así por la querencia de los venezolanos con su país y por el nombre de una canción de un gran cantautor venezolano, Simón Díaz”, dice Alfonzo.

En el caso del restaurante de Da Silva, la transformación se dio principalmente en dos platos: los tequeños –que a pedido del público argentino, ahora se comen con chimichurri– y la carne asada. La parrilla venezolana en Argentina se come sin orégano o ajo, condimentos típicos en Venezuela: “Argentina tiene una de las carnes más ricas y suaves del mundo. Nosotros hacemos parrilla y solamente le ponemos un poquito de morrón y cebolla”.

Los tequeños son una masa de harina de trigo rellena con queso. Puede ser frita u horneada. El chimichurri es un aderezo típico argentino y su nombre remite al inmigrante irlandés que lo creó: James McCurry. Foto: Pechés Magda/ Venezuela Gastronauta.
Las empanadas venezolanas son muy parecidas en forma a las de Argentina, pero se hacen con harina de maíz. Son diferentes de acuerdo a la región del país en el que se consuman. Se consideran parte de la influencia de los españoles en Sudamérica. Foto: Na’Güara Chamo.

En el ida y vuelta, sin embargo, hay sabores que inevitablemente se extravían en el camino. La mayoría de los ingredientes necesarios para preparar los platos venezolanos en Argentina se consiguen, aunque aún existen faltantes de cosas fundamentales que le dan un sabor especial, como es el caso del ají dulce.

El extravío del ají dulce, no obstante, ha sido compensado por ingredientes locales, que han enriquecido las fórmulas de preparación: “Imposible preparar la comida sin provenzal, ya es parte de nuestra cocina”, dice Manzo.  “Nosotros añadimos cerezas a nuestras ensaladas y zapallo redondo a las tartas que ofrecemos en nuestro menú”, asegura Alfonzo.

Un nuevo lenguaje que viene del paladar

Los sabores remiten a la tierra. Aquella en la que se producen los alimentos y que les da un sabor particular dependiendo de la región; y a la sentimental, la que nos da sentido de pertenencia, en la que tenemos a nuestros seres queridos, a nuestras “querencias”.

“En la construcción del sabor está todo: está la memoria, está la identidad, están las preferencias culturales locales, regionales y familiares, está operando de una manera muy importante nuestro sistema nervioso central”, resume Castillo.

Con la reciente inmigración venezolana los sabores comenzaron a fusionarse, a formar parte de las tradiciones, el lenguaje y las costumbres argentinas.

 “La impronta de los sabores y de la memoria gustativa en nuestra psiquis es tan grande que se dice que incluso es más fuerte que la lengua materna”, dice Castillo. 

Y así como la comida es de por sí un lenguaje, existen términos que se van construyendo a su alrededor.

En Venezuela, cuando uno se sienta a tomar café con un amigo, un jefe, un hermano, con la mamá… es para echar cuentos, para chusmear, para conversar…”, explica Alfonzo acerca del nombre que eligió para su emprendimiento.

Como en Argentina “contar cuentos” significa contar historias (de esas que leemos a nuestros hijos cuando se van a dormir), decidió aprovechar esa coincidencia y convertir su negocio en una especie de café literario: “Se hicieron cuentos, hubo talleres de poesía y de tango”. El lugar donde funcionaba físicamente tuvo que cerrar porque, como muchos otros, no sobrevivió a la pandemia. Pero la marca y sus productos siguen vigentes.

Pechés significa ‘pecado’ en francés, y el nombre de mi emprendimiento es una combinación de esa palabra y mi propio nombre”, dice Da Silva.

“Na’Güara Chamo es una expresión muy popular en un estado de Venezuela que es Lara. Se usa cuando uno quiere engrandecer algo: ‘Na’Güara’, que algo es muy grande, es muy bueno”, explica Manzo sobre la interjección larense de sorpresa que se popularizó en Venezuela.

Los tequeños con chimichurri y las milanesas con plátano acompañadas de un buen café preparado al estilo venezolano son la antesala de una transformación cultural que –con el tiempo– se hará parte de una identidad compartida.

Transitamos un momento en el que estamos entendiendo que tenemos muchas más cosas comunes de las que creemos, independientemente de que sean únicas y diversas”, dice Castillo.

Las hallacas llegaron a Argentina con Jessica Manzo un 24 de diciembre, para diversificar la gastronomía en una fecha que, con sus diferencias, reúne a muchas culturas.

Tal vez, y a partir de ahora, todas nuestras navidades serán diferentes.

Créditos

Textos, guiones y edición de podcasts: Agustina Bordigoni
Acompañamiento editorial: David González
Edición de video: Alejandro Lorda y Marina Balbo / Imágenes video: Gentileza de Carlos Iván Suárez / www.esreviral.com
Fotos: Claudia Salazar. Cortesía de Nuestra Señora de Caacupé, Venezuela Gastronauta, Entramadas, Scenik-Arte y Oriana Nigro.
Diseño web: Facundo Lodeiro
Diseño de portada: Bachi

PRODUCCIÓN REALIZADA EN EL MARCO DEL CURSO PUENTES DE COMUNICACIÓN II DE LA ESCUELA COCUYO, APOYADO POR DW AKADEMIE Y EL MINISTERIO FEDERAL DE RELACIONES EXTERIORES DE ALEMANIA.