Pepa de Zamuro Gustavo Morales

Pueden ser muy variados los objetos con los que viaja una persona. Algunas veces se eligen amuletos para protección en el viaje y otras veces se eligen aquellas cosas que pueden traer buenos recuerdos a las personas a la hora de emigrar. Libros, alguna prenda en particular, fotografías impresas y, como el caso de Gustavo, una pepa de zamuro.

Gustavo Morales es venezolano y vive en Canadá desde hace 16 años con su familia. Partió del país sudamericano en 2004 con 3 maletas, su esposa y su hijo. Nada más. En su equipaje personal decidió guardar un espacio para un amuleto especial que le regaló su madre: una pepa de zamuro. Esta semilla, de consistencia firme, es reconocida en Venezuela por brindar «protección espiritual» a quien la lleva. En el caso de Gustavo, su semilla la tiene consigo desde su adolescencia y ha cobrado mucho valor con el pasar de los años.

Gustavo Morales cuenta su viaje

Mi historia de inmigración no es muy diferente a otras. Quizá menos espectacular de las que muchos venezolanos viven actualmente.

Para el año 2002 cuando el paro petrolero, mi esposa y yo tomamos la decisión de mudarnos de país. Fue un poco alocado, ya que para ese momento los problemas eran básicamente políticos. Nada nuevo. Ese mismo día en el diario El Nacional vimos una publicidad de unos abogados que ofrecían sus servicios de inmigración para Canadá. Ya teníamos el país de destino. Así de simple fue todo eso. Casi dos años después estábamos aterrizando en Montreal.

Nuestra mudanza fue tan fácil como la decisión: 2 adultos, 1 niño , 3 maletas. Lo único que me llevé, aparte de la ropa, fue esa pepa e’ zamuro.

Gustavo llevó su amuleto desde Caracas hasta Montreal

Esa pepa me la regaló mi mamá cuando yo tenía 12 o 13 años. Nada particular, simplemente la encontró entre sus cosas y me la dio. Probablemente para ninguno de los dos ese momento tuvo mayor importancia pero yo siempre la he tenido conmigo y siempre la visto como un amuleto.

38 años después, ¿qué recuerdos me trae? Mi infancia, mi casa familiar, mis padres, mis hermanos juntos, mi urbanización, mis amigos de infancia. Caracas en general, su verdor. Me preguntas qué valor tiene y la verdad no podría estimarlo. Yo no me apego a cosas materiales, más bien suelo botar todo. No me gustan los espacios con muchos objetos, ni recuerdos, fotos, nada de eso. Pero allí está la pepa, la única herencia que con toda seguridad dejaré a mis hijos.