Víctor Guevara acompañado de ciudadanos saudíes

Cuando Víctor Guevara abordó un avión que lo llevó desde Venezuela a Arabia Saudita, el 13 de noviembre de 2019 y con una oferta laboral en sus manos, pensó en las nuevas oportunidades que le llegarían. Pero la pandemia tuvo otro planes. Lejos de su hogar, perdió el empleo y quedó varado. Debió trabajar durante meses para subsistir, pero sólo a cambio de alimentos y hospedaje. Finalmente, tras más de un año en Asia, logró retornar a su natal Barinas en un viaje donde atravesó tres continentes.

A finales de 2019, cuando su jefe en la empresa Caballo Salud le notificó sobre el interés de una clínica saudí en contratar a un veterinario para cuidar a equinos, Víctor no dudó en aceptar. Le habían ofrecido el pago de 1.500 dólares mensuales. Incluía los boletos de ida y vuelta, jornadas de trabajo de ocho horas en seis días a la semana, y hospedaje durante una estadía por tres meses de prueba. Considerando su experiencia, y la precaria situación económica en Venezuela, resultaba una excelente chance en su área de trabajo.

Víctor es veterinario especializado en equinos. Foto cortesía

Sin embargo, ya en territorio saudí, las cosas comenzaron a cambiar. Con la expansión de la pandemia de la COVID-19 a mediados de enero de 2020, la empresa notificó que tenía problemas financieros y redujo el salario de Guevara a $1.000. En simultáneo, surgieron problemas por el mal trato con los animales, según el venezolano. «Las yeguas no quedaban preñadas por el exceso de monta que tenían los caballos. Hasta 5 yeguas diarias, cuando lo recomendable es que sean tres por semana», explicó.

En medio de esta situación, también le debían el pago de dos meses de trabajo. Fue al tercer mes de retraso que saldaron la deuda, pero con un descuento de unas pastillas que el criollo había comprado para superar un dolor de cabeza. Víctor no lo toleró y pidió que buscaran una segunda opinión sobre el trato a los animales.

Su contrato estaba por terminar cuando encontraron a un veterinario colombiano que se ofreció a brindar ayuda. Éste puso la condición de que Guevara se quedase, pues tenía un horario limitado y requería asistencia. Así ocurrió. Pero a Víctor le aplicaron una reducción aún más severa del salario: solo 500 dólares.

Ya atrapado en la localidad de Ad Dawadimi, Arabia Saudita, sin poder retornar a Venezuela debido a la pandemia, varado y sin otras opciones, trabajó con la clínica dos meses más. El último, correspondiente a junio, asegura que ni siquiera se lo pagaron.

Sin salario, varado y trabajando para subsistir

Con un presupuesto reducido, y necesitado por aumentar sus ingresos, consiguió nuevas ofertas gracias a la recomendación que otros hacían de él. Guevara adquirió herramientas de trabajo propias y estableció su propia plaza. Con eso se mantuvo por un tiempo.

Entre ellos conoció a un ciudadano saudí, familiar de uno de los socios de la clínica, que acudía al lugar con regularidad para examinar a su yegua. Se volvió un rostro tan repetido que Víctor le pidió que le ayudara a encontrar empleo. «Me dijo que quería montar una clínica y que él compraría lo que se necesitara», contó. Si bien contaría con acceso a alimentos, hospedaje y a los equipos correspondientes, la oferta tenía una importante limitación: no devengaría ninguna remuneración.

Guevara estuvo más de un año varado en Arabia Saudita como consecuencia de la pandemia de la COVID-19. Foto cortesía.

Guevara fue a la granja del ciudadano saudí, en Masaddah, a unas cinco horas de la capital Riad. Allí, inicialmente le habilitaron un cuarto con una cama hecha de tablas. «Mi sábana era más gruesa que el colchón», dice. A ello se sumaba que la cocina estaba inmunda de polvo y que el lavaplatos no contaba con desagües. «Aquello era inexplicable», recuerda y comenta que durante esos días se alimentó con pan de leche y galletas. Sumado a su condición de varado, el escenario se complicaba.

Enseguida le expresó al saudí que no podía permanecer en un lugar con esas condiciones y que buscaría otras ofertas. Como alternativa, acondicionaron una casa que tenía diez años abandonada. Se quedó, pero sin obtener ni un centavo por su trabajo. En ese período pasó por episodios de depresión y fatiga. Tampoco podía dormir bien. «No sabía qué iba a pasar conmigo», lamenta.

A diario, a través de videollamadas, mantenía conversación con sus familiares en Venezuela. Ya no podía seguir enviando dinero para ayudarlos; solo deseaba poder reencontrarse con ellos. Había pasado más de un año desde su salida cundo, de pronto, una llamada cambió el panorama.

Un regreso con detención y llamadas fortuitas

Apenas iniciaron los problemas con la clínica, Guevara contactó a la embajada de Venezuela en el país. Primero envió correos electrónicos, pero no obtuvo respuesta sino hasta un mes después. Le notificaron que debía llamar al número telefónico de la sede. No obstante, Víctor no tenía forma de hacerlo ya que solo disponía de Whatsapp en su celular.

Finalmente, cuando pudo hacer la llamada, se limitaron a explicarle que debía salir del país porque su lapso de estadía legal había vencido. El problema principal para el venezolano era que, después de pasar tantos meses varado y sin ingresos, no contaba con recursos para costear los vuelos de retorno. Además, el espacio aéreo de su país se mantuvo cerrado hasta diciembre, cuando el Gobierno nacional decidió habilitar viajes desde ciertos países.

Producto de su insistencia, la empresa saudí que originalmente lo había contratado le compró los nuevos pasajes y, adicionalmente, pagó una multa de hasta 400 dólares que le solicitaron a Guevara por estadía ilegal en el país. No fue fácil, sostiene, pues pasó dos horas y media preso en el aeropuerto de Riad. La embajada venezolana, que no lo había ayudado hasta entonces, intercedió y le dio solución.

«Hasta que no llegaron (los miembros de la empresa) y no se pagó la multa no me dejaron salir del país. Me hicieron pasar un mal rato; había hecho el check-in y el avión estaba listo. Esperaron 20 minutos hasta que se solventó mi situación. La embajada hizo una llamada para canalizar con mis anteriores jefes, quienes accedieron a pagar la multa», relató Guevara.

Dos vuelos, uno de Arabia Saudita hasta Turquía y otro a Caracas, pusieron fin a su travesía y le permitió regresar a casa en diciembre de 2020.

Historias similares a la de Víctor se repiten. Alberto Cedeño también había quedado varado en Arabia Saudita durante la pandemia y se vio obligado a retornar a Venezuela a través de Brasil.

Víctor comparte sus labores veterinarias por Instagram. Puedes chequearlo en este enlace.