Ritzys Quiva aprendió el oficio y demostró que la construcción no es solo un trabajo para hombres

“Cuando me despedí de mi mamá, le dije ¡nos vemos en un mes!, y ella me contestó: yo sé que no vas a dejar sola a tu hermana. Y aquí estoy, casi cinco años después contando la historia” comenta Ritzys Quiva, oriunda de Cabimas, estado Zulia quien llegó a Perú en el 2016. 

Aunque tenía un boleto de regreso decidió quedarse para acompañar a su hermana. “Después de llegar hubo un temblor fuerte y yo corrí con dos de mis sobrinos y mi hermana con el otro. Desde entonces temí que en un temblor ella no pudiera salir con los tres niños”, narra.

A la fecha se ha desempeñó en varias actividades en Lima, que fueron desde seguridad y salud ocupacional -carrera que desarrolló en Venezuela durante 18 años- hasta vendedora y lavando platos en un restaurante. 

No fue hasta la llegada de la pandemia que Ritzys vio como una puerta se cerraba y otra se abría, aunque fuera en un campo poco común por las mujeres: la albañilería. Su cuñado que es ingeniero civil, y en ocasiones es designado como encargado de obras, le ofreció un puesto de construcción.

Un oficio dominado por hombres 

Ella vive en el departamento Libertad junto a su hermana, pero para aceptar el trabajo se trasladó a la región de Junín, en el segundo trimestre del año pasado, cuando el gobierno peruano autorizó el reinicio de las operaciones en el sector de la construcción.

“Se realizaba una obra de instalación de aguas blancas. Mi cuñado me explicó cómo era todo el proceso y me lancé a un hueco para completar mi primera tarea” dice. 

Recuerda que en una oportunidad llegó un supervisor y le preguntó que hacía allí. Al explicarle “me dijo que me saliera y que me fuera a la cocina” cuenta. Sin quedarse de brazos cruzados, se defendió: “Llamé a mi cuñado, quién era el encargado de la obra, y le respondió – a su supervisor- que si quería les trajera a tres hombres y le demostraba que yo hacía el trabajo más rápido y mejor que ellos”.

Al final, terminó haciendo tres instalaciones delante de él para que pudiera dejarla trabajar. Adicionalmente a eso, le ha tocado realizar un desmonte, que consiste en recoger y botar chatarra, pintura, llenado de techos, y otras funciones.

En los últimos detalles de una obra.

Limitaciones

Solo el 22% de los cargos directivos de las empresas en el Perú son ocupados por mujeres, según cifras del INEI. En el sector público el número tampoco es elevado: este 2021, las mujeres ocupan cinco de los cargos más altos de la administración pública como el Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación, el Tribunal Constitucional, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Congreso.

Otro factor es la brecha salarial.  Según un estudio de la Autoridad Nacional de Servicio Civil (Servir) de Perú en el período 2008–2019, la brecha salarial entre hombres y mujeres disminuyó en 12 puntos porcentuales, al pasar de 24% a 12%, mostrando un avance importante en el cierre de brechas salariales generales por sexo. Y solo en el 2019, la brecha remunerativa agregada por género disminuyó con relación al año anterior de 17% a 12%, refiere la investigación difundida en el mes de marzo de año en el diario Perú 21.

Preparándose para la siguiente oportunidad

Aunque la hoja de vida de Ritzys detalla su carrera de cuatro títulos universitarios: Técnico superior en Higiene y Seguridad Industrial; Técnico superior en Hidrocarburos – Mención Petróleo; Licenciada en educación Industrial – mención Mecánica y una Especialización en Educación Superior- se sigue formando para responder a la próxima oportunidad.

“Actualmente veo clases de Formación de Emprendedores con la ONG Veneactiva, conjuntamente con la institución peruana CEDRO. Adicionalmente, vía online estoy en el Programa Nacional de Formación Higiene y Seguridad laboral de la Universidad Politécnica Territorial del Zulia (UPTZ) la cual está situada en Venezuela”, describe a Venezuela Migrante

Antes de iniciar la mezcla de cementos

Persistir y no desistir

Quiva tiene la firme convicción de que volverá a la profesión en la que por años se desempeñó, pero con mayores conocimientos. Mientras eso ocurre, dice, que seguirá en el área de la construcción en el que ya domina la mezcla de cemento, levantamiento de paredes, entre otras labores.

“Me tocó operar un martillo eléctrico demoledor de 15 kilos y el retiro de cerámicos en los pisos. Claro esa no es la máquina más adecuada para hacer el trabajo, pero la que necesitábamos venía en camino y no podíamos perder el día”, relató.

A pesar de hacerse visible en un campo dominado por hombres, recuerda la humildad con la que fue criada. “Mi mamá desde pequeña nos enseñó a trabajar sin distinguir fuerza. Siempre decía deben aprender a hacer de todo y no estar dependiendo de un hombre”.

“Obviamente estamos en un país machista, y el verme trabajar y usar herramientas pesadas causa impresión principalmente en los hombres. Pero yo solo pienso en la recompensa, que lo se gana en un trabajo de construcción es mucho más de lo que se gana lavando platos, como azafata, entre otros. No estoy denigrando ese tipo de trabajo, pero son muchas horas de trabajo para lo poco remunerado que es”, agrega.

De acuerdo a la actualización de la plataforma Rv4 de fecha 31 de agosto de 2020, se estima que en el Perú hay 1.043.460 venezolanos con diferentes calidades migratorias y sin regularizar.

Según cifras de la plataforma Rv4 se estima que en Perú hay 1.043.460 venezolanos con diferentes calidades migratorias y sin regularizar, a la fecha de cierre 31 de agosto de 2020.