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Según la Superintendencia Nacional de Migraciones, al cierre de 2018, año cuando Perú brindó las mayores facilidades migratorias, se registró el ingreso de 660 mil 780 ciudadanos venezolanos. Esto representó un incremento del 500%, en comparación con el año anterior cuando ingresaron 107 extranjeros del país suramericano. Y durante el año siguiente, Perú recibió a un importante número de venezolanos que llegaron a pie.

Ahora, durante la crisis sanitaria y económica por el COVID-19, un grupo de 13 migrantes que residían en Lima decidieron volver a Venezuela caminando. Tras agotar todas sus opciones, debieron tomar esta.

Uriel Molina expresó que después de dos años en Lima su situación no mejoraba. Antes de la pandemia ya pensaba en la posibilidad de regresar, pero el coronavirus lo obligó a repensar su futuro y acelerar sus acciones. «Me quedé sin empleo y sin dinero para seguir pagando alquiler. Este país está paralizado porque la gente no se cuida. Pasaban los días y tampoco recibíamos ayuda de ninguna ONG, o la embajada», cuenta Molina.

Relató que han atravesado varias regiones del Perú a pie y otras pidiendo cola. Confiesa que les ha costado subirse a los medios de transporte porque todo está paralizado por la pandemia, pero que igual se han conseguido con transportistas que les han brindado apoyo.

Hasta el 23 de abril, Molina estuvo en Chiclayo, en la región de Lambayeque,  junto a sus compañeros de periplo. Antes ya habían atravesado Ica y Trujillo.

En uno de los tramos no les quedó más opción que subirse a un camión de combustible. «Esa vez pasé un susto terrible. Esta es mi primera vez como mochilero y espero que sea la última. El tubo de escape y el humo me pegaban en la cara, pero así estuve como tres horas. Yo solo pensaba en que se estaba haciendo de noche y que si me quedaba dormido, me podía caer. ¡Fue bravo!», describió Molina.

Registro de la travesía de vuelta

Uriel Molina ha grabado algunos videos del recorrido que se han viralizado. Gracias a esto ha podido recibir ayuda de personas que le brindan alimentos o un lugar para asearse. De hecho, una iglesia de la región de Chiclayo les abrió sus puertas y les permitió a los 13 migrantes que se pudieran duchar. También les dieron desayuno y almuerzo.

Agregó que durante las noches pernoctan cerca de estaciones de servicio.Pese a las restricciones para la movilidad por el estado de emergencia, ningún policía los ha detenido para pedirles documentos y tampoco les han hecho pruebas de descarte del COVID-19.

«Todos estamos sanos y ninguno presenta síntomas». Si todo sale bien, agrega, en pocos días estarían llegando a Tumbes, donde se encuentra la frontera con Ecuador.»Esperamos no tener problemas para salir de Perú o entrar al siguiente país, pero si no, optaremos por las trochas. Y si es necesario, estamos dispuesto a darle a los militares el poco dinero que llevamos para que nos dejen pasar».

Explican que una vez en Ecuador, evitarán pasar por Guayaquil para no tener contacto con la zona más golpeada por el coronavirus. Molina también desea reencontrase con sus hijos de 15,13,11 y 9 años que están en Punto Fijo, pues mientras vivió en el Perú no pudo hacer un viaje para visitarlos.

Por su parte, Sandro Jaramillo, que también es miembro de este grupo de caminantes, va con su sobrino de 16 años y deja a su hermana en Lima con un niño pequeño. Contó que tomó la decisión cuando sus ahorros llegaron a niveles rojos y no había posibilidades de trabajar en construcción. «Yo nunca me imaginé que sería capaz de hacer una locura como esta, pero si me quedaba en Lima, iba a perder el tiempo», expresó.

Añadió que por su sobrino, y por el bien de todo el grupo, con el dinero que les donaron compraron medicinas para compartir cualquier padecimiento que puedan presentar durante el periplo. También adquirieron mascarillas, alcohol y gel para desinfectarse.

Además, separaron dinero para que su sobrino tenga un menú alimenticio garantizado. «Si nosotros tenemos que comer solamente pan, lo hacemos. Pero mi sobrino, no. Que él coma bien para que no se desmaye». Resaltó que teme por su salud y espera no tener inconvenientes para ingresar a Venezuela como ha ocurrido con otros migrantes que han sido confinados en lugares no aptos para una cuarentena.

«Me aferro a Dios, pues lo que deseo es encontrarme con mis padres que viven en Petare. Son personas mayores y están solitos».

Ellos no son los únicos caminantes. Según la representación diplomática designada por Guaidó en Perú, el número total de venezolanos que se regresan suman 70 y van caminando en grupos pequeños para evitar problemas con las autoridades.

Nancy Arellano, ministro consejero del ente diplomático, designado por la Asamblea Nacional, señaló que algunos de los connacionales fueron contactados por el propio representante diplomático Carlos Scull y después fueron enviados a refugios en los que se les brindó alimentos y alojamiento. Y una vez atendidos, siguieron su camino.