atropellados en peru

En Lima, hay medios de comunicación de alcance nacional que dedican largas coberturas a los ciudadanos de provincia, los caminantes, que tratan de llegar a pie a sus ciudades de origen o los puntos en los que son detenidos para reubicarlos temporalmente hasta poder trasladarlos.

Mientras tanto, los que logran salir de la gran capital quedan “a la buena de Dios”, pues nadie los entrevista ni les hace seguimiento. Lo mismo ocurre con los caminantes venezolanos que dejaron de ser noticia desde que ya no participan en actos delictivos de gran magnitud.

En la actualidad las grandes editoriales y cadenas televisivas están concentradas en difundir las alarmantes cifras del coronavirus, que según el último reporte superaba los 3 mil contagiados, poniendo al Perú casi al mismo lugar que Brasil, que duplica en cantidad de habitantes a la nación inca.

Mientras tanto, propios y extranjeros comparten ruta para llegar a casa, unos dentro del mismo país y otros para atravesar las fronteras de Perú, Ecuador y Colombia luego de que fueran desalojados arbitrariamente de sus hogares por no poder pagar el alquiler, tras ser despedidos de sus empleos y se quedaron sin recursos para mantenerse en la costosa capital.

En ese punto, las arbitrariedades, según se observa en la trasmisión de los diferentes medios no ha distinguido de nacionalidad y, a todos les han irrespetado sus derechos por igual en medio de la pandemia, dando lugar a que se vean forzados a salir de Lima con todos los riesgos que eso implica.

Caminantes: un trayecto dos destinos

Oscar es uno de los ciudadanos venezolanos que ha compartido con trayecto con los caminantes peruanos. Con los que han conversado estiman llegar a las distintas provincias de las regiones de Trujillo y Chiclayo. En el trayecto a la última localidad, mencionó que camina junto a otras 11 personas, entre las que hay mujeres y niños.

La historia descrita por Oscar no es muy diferente a la que la que denuncian los provincianos peruanos residentes el Lima; ahora desplazados en su propio país. El residente venezolano desde hace un año en Lima, en el distrito de Chorrilos, cuenta todas sus relaciones laborales estuvieron cargadas de explotación y maltratos.

“Me querían pagar 700 o 800 soles, mientras que el salario mínimo era de 930 soles. Me mantenía con los ahorros que traje de Venezuela. Allá tenía tres negocios: uno de ellos consistía en construir viviendas para luego venderlas”, contó.

Dijo que invirtió en un carrito de comida al que no le pudo sacar provecho porque las ordenanzas municipales se lo impidieron y para cuando logró ponerse al día, le fue autorizado un lugar de poca afluencia de clientes, lo que hacía inviable el negocio.

“Vinimos a buscar una mejor calidad de y construirla a base de trabajo pero no se pudo. Yo no estaba pidiendo dinero, estaba buscando empleo y no me dieron, por eso me voy”.

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Poco pago

En otra desafortunada experiencia laboral, describe que le pintaron “villas y castillos”, pero que al final de mes, luego de muchas exigencias, el pago no llegó no cubrió ni los pasases.

Agrega que unos los obstáculos que presentó fue la documentación que portaba. No alcanzó a ser cubierto por el Permiso Temporal de Permanencia (PTP), si no la solicitud de permiso de refugio, que para muchas empresas no era válido al momento de la contratación.

Por esa razón se puso en contacto con otras familias que estaban en la misma situación y el pasado miércoles 29 de abril inició su caminata desde Plaza Norte, en el distrito de Independencia.

Afirma que pasará la frontera “como sea”, pues asegura que no hubo ni una palabra de aliento por parte de las embajadas para gestionar un canal humanitario que les permitiera viajar en bus.

En el equipaje que preparó para viajar, guardó tapabocas y guantes. Dijo procurará mantener la distancia social para evitar contagiarse de COVID-19 y llegar con bien a Venezuela.