El español es el idioma materno de Javier Rodríguez y Juan Gorrín, pero la música es el lenguaje universal que les ha permitido superar las barreras en Brasil. Ellos son integrantes de la diáspora venezolana, salieron de Venezuela buscando mejores condiciones de vida. La voz, así como su nivel profesional en canto, contribuyó con la inserción laboral de ambos en el país que muchos llaman «el más musical de Suramérica».

Juan Gorrín vive desde hace más de tres años en la ciudad de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro. Mientras que Javier Rodríguez tiene un poco más de dos años en la ciudad de San Lorenzo, estado Minas Gerais. 

Aunque cada uno vive en una ciudad diferente, coinciden en que enseñan canto profesional, y lo practican, como su trabajo formal.

De acuerdo con la Plataforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que supervisa el avance de la migración venezolana, hasta diciembre de 2019 en Brasil se contabilizaban 130.692 criollos. 

Adicionalmente, un estudio de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU reveló en 2018 que casi el 85% de los venezolanos en Brasil habían sufrido o conocían algún caso de xenofobia o racismo.

A pesar de este panorama, el par de cantantes ha demostrado con sus dotes musicales que la migración venezolana puede contribuir positivamente con la sociedad brasileña, además de derrumbar estereotipos.

Un proyecto para el rescate de las favelas

Un amigo de Javier Rodríguez lo llamó en 2018 para invitarlo a participar en un proyecto social musical en la ciudad de San Lorenzo, en el estado Minas Gerais. Javier aceptó y preparó el terreno para migrar hasta Brasil. 

La experiencia como profesor de la cátedra de canto lírico dentro de El Sistema de Orquesta Venezolano fungió como carta de presentación para que Javier pudiera llegar a San Lorenzo con una oferta de trabajo. 

Él es oriundo de Altagracia de Orituco, del estado Guárico. Allí estudió música durante 5 años en el núcleo Rafael Magdaleno Infante Bandres, que pertenecía a El Sistema, fundado por el maestro José Antonio Abreu.

Cuando llegó encaminaron todo para que ese proyecto social musical avanzara, pero por problemas administrativos no pudieron continuar.

No obstante, Javier ya había construido su nombre en esa ciudad de Brasil. Aunque no pudo desarrollar esa iniciativa, se insertó en algunos colegios como profesor de canto.

Foto cortesía Javier Rodríguez. Este es uno de los grupos de estudiantes que ha tenido Javier en la Escuela Municipal de Música de Caxambu.

Un año después presentó otro proyecto ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para el rescate de los niños y jóvenes en situación de pobreza en la ciudad de San Lorenzo del estado Minas Gerais.

“Comencé a trabajar en una escuela particular de música. Escuelas con programas sociales. Actualmente estoy en esa escuela como profesor de canto y de otros instrumentos como el Fagot, teoría de canto. Luego fui contratado por la Unesco para hacer proyectos sociales. Íbamos a iniciar un proyecto este año, pero por causa de la pandemia no se puede. Si todo sale bien en octubre pudiéramos comenzar”, comparte Rodríguez.

Su iniciativa busca replicar todo lo que aprendió en El Sistema de Orquesta Venezolano. La prueba piloto del proyecto social se realizará con 147 niños entre los 5 y 11 años que viven en la favela de La Estación, uno de los barrios más pobres de San Lorenzo.

El guariqueño destaca que en ninguna de las otras ciudades del estado Minas Gerais existe algún programa de rescate social a través de la música. Javier confía en que su proyecto pueda replicarse en otras localidades de Brasil.

“Ya tenemos el espacio para trabajar. Vamos a empezar a trabajar en un convento. Los estudiantes son de escasos recursos, en situación de pobreza. Comenzaremos a enseñar canto coral y teoría musical. La idea es rescatar a esos niños y jóvenes.”, explica.

También compartió al equipo de Venezuela Migrante que, cuando presentó el proyecto al organismo internacional, la Unesco le ofreció un puesto mejor remunerado en Portugal debido a que su carta de presentación provenía de El Sistema de Orquesta Venezolano.

Pero él apartó su individualidad y escogió seguir con una oportunidad que beneficiara a otras personas

“95% de las escuelas son pagas, y son muy caras, las mensualidades son muy caras. El proyecto con la Unesco va a tener un impacto social muy grande. Comenzar un proyecto de ese nivel y ver que se pueda aportar algo a los niños es algo muy motivador. También contamos con el apoyo de varios músicos venezolanos que están en otros países”, asegura.

El proyecto social de Javier busca preparar a los alumnos para que ellos mismos se conviertan en agentes de cambio y replicadores de los conocimientos musicales que adquieran. 

El objetivo es que con el tiempo se expanda el modelo para multiplicar cada uno de los alumnos y alcanzar a más niños y jóvenes que estén expuestos a situaciones vulnerables como la delincuencia y las drogas en las favelas.

Asimismo, el profesor de música reconoce que hay casos de discriminación hacia la comunidad de migrantes venezolanos en Brasil. No obstante, aclara que estos estereotipos desaparecen cuando los venezolanos demuestran sus habilidades y esfuerzo en lo profesional.

“Las personas antes de conocerte están predispuestos. Aquí tu tienes que mostrar a las personas que eres diferente. Tienes que mostrar con hechos lo que tu haces, no basta con decir que eres músico venzolano. Tienes que mostrarles tu mejor cara. Después que te conocen y ven tu nivel, ya ahí cambian la perspectiva que tienen hacia los músicos venezolanos (…) No se la ponen fácil a los venezolanos. Tienes que ser responsable, profesional en lo que haces”, asevera.

Javier agradece todo lo que aprendió en El Sistema de Orquesta Venezolano. Él considera que sus conocimientos, su voz y su pedagogía son las herramientas que le brindó El Sistema para que actualmente pueda tratar de hacer un cambio social en otro país.

El merideño que canta en Río de Janeiro

Juan Gorrín no pudo contener las lágrimas mientras interpretaba Tocando Em Frente, del cantautor brasileño Almir Sater. En diciembre de 2019 ofreció un pequeño recital a un grupo de 70 personas en la ciudad de Campos dos Goytacazes, del estado de Río de Janeiro. 

El evento navideño en el que participaba Gorrín se llamó Minha playlist (Mi playlist). Juan quería cantarle a su público brasileño las piezas musicales que representaban algo importante para él. 

La letra de Tocando Em Frente resumía parte de sus emociones como migrante venezolano.

“Esa canción que te digo, Tocando en frente fue con la que comencé la presentación. Entré caminando entre el público mientras cantaba y fue imposible contener la emoción. Terminé sentado frente a el público cantando y llorando y ellos cantando y llorando junto a mi. Fue realmente emocionante.”, confiesa

Juan nació en El Vigía, en el estado Mérida. Incursionó en el mundo musical gracias a su padre, quien lo inspiraba cuando lo escuchaba cantar. A los 14 años dirigió un coro en su ciudad natal. Luego, su vida adulta se desarrolló en Caracas, donde fungió como cantante y director de coral. 

Él también dirigió el Coro Simón Bolívar y trabajó dentro de El Sistema de Orquestas y Coros. También fue el fundador del coro de Niños de la Universidad Católica Andrés Bello. 

A pesar que tenía una carrera profesional en Caracas, migró de Venezuela buscando mejorar sus condiciones de vida.

Su experiencia musical le labró el camino para establecerse en Río de Janeiro. 

“Uno de los factores que me permitió adaptarme e integrarme rápidamente, por no decir automáticamente, en mi proceso de migración fue exactamente el trabajo que ya realizaba y mi experiencia profesional. Tengo la fortuna de haberme podido dedicar a la música desde el primer día que llegué y de continuar ejerciendo lo que me apasiona. Obviamente he tenido que adaptarme a muchas situaciones y de reinventarme en otras, pero sin duda mi experiencia profesional ha hecho el proceso mucho más fácil.”, comparte.

Juan Gorrín se estableció en Campos dos Goytacazes porque ya conocía la ciudad. Antes de migrar había tenido algunos acercamientos como cantante y profesor. “A partir de allí recibí la invitación para desarrollar un trabajo más estable”, menciona.

Actualmente forma parte de algunos proyectos sociales como profesor y director de canto. Aunque intenta mantener viva la actividad musical como práctica colectiva, afirma que se ha dedicado mucho más a la formación en una escuela de canto.

Además de su experiencia profesional, la naturaleza musical de los brasileños le ha permitido a Juan conectar rápido con los integrantes de esa nación. Para él, la música “forma parte de la cotidianidad” de los brasileños, por lo que disfrutan de cantar o tocar algún instrumento.

“Podría decir que ha sido muy satisfactorio poder, en algunos momentos específicos, traer un poco de la cultura musical venezolana y que haya sido bien recibida. Y definitivamente el poder, a través de la música, encontrar siempre puertas y brazos abiertos y conocer personas maravillosas.”, afirma. 

Javier Rodríguez también coincide con Juan en la naturaleza musical de los brasileños. Explica que en ese país existen muchos festivales, competiciones, presentaciones y oportunidades que giran en torno a música. 

Por lo que Brasil se ha posicionado como un país de numerosas oportunidades para los músicos venezolanos. Y también la música se ha convertido en la herramienta por excelencia para desmontar los estereotipos que tienen sobre los migrantes venezolanos. 

“Con la música aplico lo que me enseñaron: dejar siempre una marca positiva”, reflexiona Javier Rodriguez.