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Cúcuta es la última ciudad de Colombia en el tránsito de los venezolanos que buscan retornar a su tierra debido al impacto que tuvo la pandemia en los países receptores de la migración. En esa ciudad colombiana, quienes están en La Parada relatan sentir desasosiego, pues deben pernoctar a la intemperie. “En La Parada la gente se resguarda en cambuches, cocina en fogones de leña y si llueve, se les moja todo», describe Gabriel Rivero, quien estuvo allá hasta el viernes 21 de agosto, cuando se anunció que Venezuela suspendería el paso de los ciudadanos a su propio país. Suspensión que no se concretó.

La seguridad en Tienditas

Gabriel no solo conoce las dificultades de estar a la intemperie. Durante el viaje que emprendió el 6 de mayo, desde la provincia de Huancayo en Perú, ha debido permanecer en distintos lugares a lo largo de su recurrido, pero fue en Colombia donde relata haber vivido los mayores contratiempos. En mayo, estuvo más de cinco días en el Terminal Terrestre de Ipiales hasta que fue desalojado junto a 300 personas, expuestas al frío. Luego consiguió trasladarse hasta Bogotá. Permaneció en la casa de su hermana y allí pudo hacer una pausa de todo lo que había vivido. Finalmente, llegó a La Parada y estuvo un par de días, de nuevo, en la intemperie.

Además, es capaz de describir cómo es el ambiente para aquellos que logran ingresar al refugio de Acnur instalado en Tienditas. Gabriel estuvo cuatro días en ese refugio (desde el 21 hasta el 25 de agosto): «Ellos tienen acceso a servicios básicos, comida y seguridad«. Por eso explica que, dentro de las dificultades, para quienes deben permanecer allí durante su paso por Colombia, la situación es un poco más llevadera.

Antes de conocerse el cierre de frontera, esta vez decretado por Colombia, dijo a Venezuela Migrante que ante cualquier eventualidad ya se había previsto por parte de la Acnur y la Organización Internacional de Migraciones el ingreso de al menos 200 personas al día de lunes a viernes. Los fines de semana, según cuenta, nadie pasa.

Agrega que al llegar a Tienditas les leen “una cartilla” del comportamiento que deben mantener: “Nadie fuma y hay normas de convivencia que respetar”.

Asimismo, añade que el trato hacia los niños es el más óptimo y cuentan con el resguardo de la Policía Nacional de Colombia. Rivero caminó de Perú a Venezuela y sólo en Colombia tardó aproximadamente dos meses pasa salir: primero estuvo en un refugio en Ipiales, luego pasó a descansar unos días en casa de un familiar en Bogotá y, finalmente pernoctó en La Parada, antes de que en Tienditas le abrieran las puertas. Rivero alcanzó a pasar el día martes junto a sus dos hijos y esposa.  Ya está en un refugio habilitado por Nicolás Maduro en San Antonio de Táchira para aquellos que deben cumplir cuarentena obligatoria.

El plan B de los que nos pueden seguir esperando

En tanto, quienes siguen en La Parada, como los que vienen en ruta ya evalúan otras opciones para llegar a casa y sortear en cierre de frontera. Maribel Andara empezó a investigar a través de grupos de WhatsApp quién había tenido la experiencia pasar a Venezuela por los caminos verdes con apoyo para evaluar los riesgos y decidir si ella también lo hace.

Andara viene desde Perú y está atravesando Colombia. Está por llegar a Cúcuta y manifiesta que no está en condiciones de esperar en La Parada o que le brinden y espacio en Tienditas.