Analexis no es madre aún pero sabe lo que es cuidar muy bien de aquello que le es esencial. De sus 23 años de vida, al menos 15 se los ha dedicado a tocar y cuidar a su violín. Ese instrumento musical es su compañero y también su fuente de ingresos.

En noviembre de 2019 ella decidió emigrar a Colombia en búsqueda de mejores oportunidades económicas y con el anhelo de un crecimiento profesional. Su meta es convertirse en “la mejor violinista del mundo” y apoyar también a quienes desean serlo. Oriunda del estado Barinas, decidió tomar un bus hasta Cúcuta. Allí abordó un avión con destino a Bogotá, Colombia.

En la capital colombiana, cuando apenas iniciaba su proceso migratorio, fue víctima de estafa y extorsión. «Yo tocaba sola en la plaza Santander. Un día un muchacho robó una bicicleta y me hicieron pasar como la ladrona a mí porque estaba ahí presente. Me agarró la policía. Me quitaron el violín y luego, no sé cómo, consiguieron mi número. Recibí llamadas para para amenazarme, que me iban a matar si no pagaba el millón de pesos que me estaban pidiendo», recuerda.

Mientras Analexis resolvía cómo recuperarlo, también lidiaba con la preocupación de los trámites para radicarse. Los primeros meses en Colombia fueron turbulentos. Sentía frustración al pensar que salió de Venezuela buscando mejores condiciones de vida y fue víctima de la delincuencia en otro país. 

Para ella lo importante era recuperar su violín. Aquello era más que un simple robo. 

«El violín y la música lo son todo para mí. Sin eso no soy Analexis». No le habían robado un instrumento. Le habían arrebatado sus recuerdos; su trayectoria como docente musical dentro de El Sistema; su soporte económico para comenzar una nueva vida. Le habían arrancado, como cuenta, un pedazo de su corazón, que ya venía fracturado al separarse de su familia cuando se convirtió en migrante.

Un compromiso con la música

«Me reuní con abogados y ellos me decían que diera todo por perdido y que me fuera de la ciudad. Quizá me hubiese podido hacer la loca y no pagar el millón de pesos, pero iba a quedarme sin violín. Y quedarme sin violín nunca fue una opción para mí. Es como que una madre abandone a su hijo que ama. Sencillamente no puede».

La tormenta por la que atravesaba amainó cuando pagó 250 dólares por el rescate de su violín. El dinero que recaudó lo hizo gracias al apoyo que le dieron algunos amigos. 

Analexis Cancines es licenciada en Artes. Comenzó su experiencia en el mundo de la música a los 8 años. Ahora forma parte de la diáspora venezolana radicada en Colombia. Escogió este país porque sabía que en esa nación se desarrollaba el proyecto de la Fundación para la Integración Musical de Colombia (Fundimusicol). Consideraba que era la mejor oportunidad para cumplir con los objetivos de mejorar su calidad de vida y perfeccionarse con el violín. 

“Salí en búsqueda de seguir haciendo música, pues en Venezuela sólo me dedicaba a educar. Ya conocía los pasos que estaba realizando Fundimusicol y decidí querer ser parte de ello”.

Una fundación para músicos migrantes

La muerte del maestro José Antonio Abreu, el 24 de marzo de 2018, impulsó a un grupo de músicos venezolanos en Bogotá a reunirse en la plaza de Usaquén para coordinar un homenaje póstumo al economista, activista, educador y también político venezolano. 

Casi dos meses después de ese homenaje, once maestros musicales decidieron coordinar un “movimiento migratorio musical” que preparó el terreno para la primera Orquesta Binacional Colombo-Venezolana.

Foto cortesía de Fundimusicol

Luego, en septiembre de 2019, formalizaron el proyecto ante la Cámara de Comercio de Bogotá. Fundimusicol nació con el objetivo de centrar su actividad organizacional en el desarrollo humano. Apuestan por el desarrollo profesional de sus integrantes por lo que tratan de impulsar y coordinar prácticas entre orquestas colombianas y músicos venezolanos.

La sensibilización artística y la difusión de la música son los pilares estructurales de las actividades de esta organización, que busca el rescate pedagógico, cultural y ocupacional de los ciudadanos colombianos y venezolanos.

“No es que no querramos replicar el Sistema Nacional de Orquestas, porque El Sistema ya se replica en más de 100 países. Pero sí queremos ajustarnos a la condición geográfica y administrativa de Colombia. Lo que estamos haciendo es una integración de los dos países con el modelo del sistema. Solo falta apoyo. No es lo mismo estar en Venezuela donde un Estado financia el 100% de este sistema y es mucho más fácil”, dice el director Ejecutivo de Fundimusicol, Álvaro Carrillo, un colombo-venezolano egresado del Conservatorio de música Simón Bolívar de Venezuela.

Según datos de Migración Colombia, para el año 2019 habían radicados en el país neogranadino cerca de 1.771.237 venezolanos. La cifra representa un incremento del 50% respecto al año anterior. 

Una de las tareas de Fundimusicol es fungir de puente entre los músicos migrantes venezolanos y la sociedad colombiana. Con sus programas educativos promueven el desarrollo musical, con especial énfasis en la población migrante que trata de establecerse, como lo hizo Analexis Cancines.  

Actualmente Fundimusicol promueve el Coro Sinfónico y la Orquesta Sinfónica de la Juventud. Entre ambas albergan alrededor de 200 músicos, un 60% venezolanos, 20% colombianos retornados y 20% colombianos residentes

La fundación agrupa a diferentes organizaciones musicales que han nacido en Colombia como resultado de los aportes culturales de la diáspora venezolana en ese país. 

Foto cortesía de Fundimusicol

Además, ha servido de apoyo para los músicos venezolanos que han necesitado algún tipo de contención durante la pandemia del coronavirus.

El aplauso es ahora en las calles

Las calles de Colombia perdieron sus acostumbrados sonidos cuando el presidente Iván Duque decretó la cuarentena obligatoria para evitar la propagación del coronavirus. La paralización de actividades tradicionales afectó las dinámicas de todos los habitantes en esa nación. Como la pandemia del coronavirus congeló la agenda de presentaciones culturales, obligó a los músicos a compartir su talento musical a través de plataformas digitales y a buscar el aplauso en las calles. 

“Muchos de los músicos venezolanos tenían trabajos informales, pero eran trabajos no de tanto riesgo como estar en la calle. Muchos tocaban en restaurantes, centros comerciales, daban clases en institutos y academias o impartían clases particulares. Había otro grupo que sí tocaba en el Transmilenio (transporte público). Ahora con la pandemia, cerca del 40% sale a las calles para buscar algún tipo de ingreso”, explica Carrillo.

Dos meses después de haberse decretado la cuarentena obligatoria en Colombia, nació Son Parrandero, una agrupación integrada por músicos venezolanos profesionales que buscan alegrar el corazón de los ciudadanos, que cumplen con el distanciamiento social en sus hogares, a través de la parranda costeña Venezolana en Bogotá.

“En Colombia no están acostumbrados al estilo de parranda costeña venezolana. Así que ese es nuestro estilo, lo que nos diferencia. Buscamos distraer un poco a las personas que se encuentran en cuarentena, manteniendo el protocolo de seguridad, llevamos música a la casa. El slogan de nosotros es música hacia la ventana. Lo que hacemos es compartir parte de nuestra cultura musical a las personas que están encerradas en sus casas y ellos nos colaboran con lo que puedan”, explica Miguel Salazar, uno de los integrantes del grupo.

Los músicos de Son Parrandero forman parte de Fundimusicol. Cada uno de sus integrantes, ahora con la pandemia del Covid-19, se han reinventado y organizado para mantenerse haciendo lo que mejor conocen: música.

“A través de Fundimusicol, hemos sido beneficiados con alguno de sus programas sociales de ayuda. Ellos tienen prácticamente censados a los músicos venezolanos en Colombia”, asevera Salazar.

La autogestión de Fundimusicol

El director Ejecutivo de Fundimusicol explica que aún no cuentan con el reconocimiento ni el financiamiento del gobierno de Iván Duque, aunque asegura han tenido unos primeros acercamientos. 

“No tenemos ayuda ni apoyo actualmente. Creo que se debe a la emergencia sanitaria porque las prioridades son otras. Lo poco que hemos conseguido ha sido básicamente a través de donaciones, no a nivel monetario sino más bien de alimentación, ropa, atriles para ensayar”, afirma.

Para lograr el desarrollo humano de sus integrantes y gracias a los donativos recibidos, Fundimusicol ha organizado jornadas de atención en asesoría legal y apoyo logístico a migrantes venezolanos, ayudas alimentarias y apoyo sanitario. Estas iniciativas diferencian a Fundimusicol de otras organizaciones musicales fundadas por venezolanos en otras partes del mundo, como Latin Vox Machine en Argentina y La Fundación Música para la Integración en Chile, cuyos ejes principales son la educación y la ejecución artística.

“Estas actividades se han logrado a través de enlaces con embajadas, fundaciones, y organizaciones como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Cruz Roja, Embajada de Austria, Fundación Colombia cuida a Colombia. Hemos beneficiado a 500 músicos con alimentos y más o menos a 300 en dos jornadas de salud”.

Oportunidades musicales

Uno de los primeros países en replicar el modelo pedagógico de El Sistema fue Colombia con la creación, en 1991, de la Fundación Nacional Batuta. Aunque tiempo después, lograron configurar un modelo propio.

Solo ocho venezolanos pertenecen a las dos orquestas que existen en Colombia: la Sinfónica de Bogotá y la Sinfónica de Colombia. Esta cifra demuestra que es muy baja la inserción laboral de los músicos venezolanos en la nación neogranadina.

“La mayoría de estos músicos que culminan sus estudios no tienen oportunidades. En vez de hacer algo acá salen a hacer maestrías y muy pocos regresan. Entonces ¿qué estamos haciendo nosotros? Conformar otra orquesta, otra plataforma, para que los músicos puedan hacer sus actividades”, comenta Álvaro Carrillo.

Antes de la pandemia, los músicos ensayaban en una Iglesia Luterana.

También precisa que buscan emular un modelo sustentable de funcionamiento a través de clases de música en Bogotá y en la zona fronteriza. Esta iniciativa sería igual a la experiencia de los maestros musicales venezolanos que resuenan en Chile.

“Tenemos propuestas de proyectos para niños, para hacer núcleos de música en infraestructuras educativas. La idea es que nosotros podamos conseguir estos espacios con la alcaldía donde podamos estar en las tardes ofreciendo clases de música a la población. Al contratar a los músicos migrantes se les va dar una mayor estabilidad económica, legal , social y laboral. Estos músicos ya no van a estar en las calles sino van a estar trabajando.”

Son numerosos los proyectos musicales en el mundo que buscan emular el modelo social y musical que creó el Sistema Nacional de Orquestas y Coros de Venezuela, fundado en 1975 por José Antonio Abreu. 

Fundimusicol es una organización que da muestra de cómo el modelo de educación musical venezolano se ha incorporado de a poco en la sociedad colombiana, sin competir con sus modelos propios. Al ser una fundación sin fines de lucro, su labor principal se ha centrado en desarrollar el talento de los músicos migrantes venezolanos que tratan de establecerse en suelo neogranadino.

Fundimusicol continúa siendo el acopio musical de muchos venezolanos en Colombia. Y desde ese espacio de contención, Analexis sigue dando pasos para convertirse en «la mejor violinista del mundo». Mientras tanto, con las vibraciones musicales que crea con su violín, envía un mensaje: «No importa qué tan mal esté todo, siempre hay una salida a tu favor».