Foto referencial: El País.

Güiria, en el estado oriental de Sucre, está en desvelo. El naufragio de dos embarcaciones había dejado hasta el pasado lunes 22 fallecidos, varios desaparecidos en el mar Caribe, y decenas de familias esperando una respuesta. Xioglimar Mata lleva su propio conteo de las víctimas: 32. 

Como vecina de Güiria y miembro del Comité Nacional de Familia Víctima de la Desaparición Forzada (CONFAVIDF), Mata conoce a varios familiares de los náufragos: “Los familiares no han formalizado una denuncia, por tanto no se tiene certeza cuántas embarcaciones partieron rumbo a Trinidad y Tobago. No se sabe si son dos, una, tres; ignoramos si hay una tercera, nadie lo sabe con exactitud. Está la confusión porque Gabriela (Subero), una de las primeras víctimas que identificaron, estaba en el bote Mi Refugio. Pero la esposa de mi amigo, que encontraron, viajó en Mi Recuerdo”. 

Muchos irían al país insular para reunirse con familiares en Navidad. “Eran niños, bebés, y esposas, que iban a encontrarse con familiares. Muchos reunieron una platica para tratar de sacar a sus parientes”, comenta Mata. 

Por la tragedia fue detenido Luis Martínez, un hombre de 56 años, a quien el Ministerio Público acusa de ser dueño de la embarcación Mi Recuerdo. Lo imputan del delito de tráfico de personas. Su cuñada, Maris López, relata otra versión distinta a la oficial y desmiente que sea propietario del peñero: «Él no tiene nada que ver con esto. Ese bote no es de él. El bote es de su hijo; y su hijo iba ahí en ese bote. Ahora lo están culpando como el dueño de esa embarcación donde él tiene tres hijos desaparecidos, una nuera y una nieta que encontraron ayer muerta», señala. 

Según López, Martínez fue invitado por una de sus hijas a pasar navidades en Trinidad, pero no quiso porque temía viajar sin pasaporte y en un peñero. “Iban por la Navidad. Él tiene una hija en Trinidad. Es maestra, de 32 años y se casó con un trinitario. Vive en ese país desde 2018. Ella mandó a buscar a sus otros hermanos”, asegura.

Todos zarparon desde Güiria, el 6 de diciembre, por rutas marítimas irregulares. En Trinidad y Tobago es necesario contar con, al menos, una visa para establecerse legalmente. De ahí que muchas personas que no cuentan con este documento y tampoco con dinero para pagar un boleto aéreo optan por peligrosos viajes. De acuerdo con varios testimonios, las embarcaciones Mi Refugio y Mi Recuerdo habrían llegado al país insular; pero al ser detectadas por autoridades costeras fue devuelta y, además, posiblemente cargada con más pasajeros. “Ese bote (Mi Recuerdo) llevaba 19 pasajeros confirmados. No eran 25 personas… Entró a Trinidad y Tobago y lo devolvieron y agarraron y metieron a más personas en ese bote sin gasolina para acá”, asegura López.

Lo mismo dicen otras personas cercanas a las víctimas en Güiria, quienes además indican que, aparentemente, varios viajeros habrían sido detenidos al llegar a Trinidad, y junto a otros, niños y mujeres en su mayoría, fueron agrupados en una sola embarcación de regreso a Venezuela. De hecho, un grupo de personas, en un vídeo difundido por redes sociales, asegura que los tripulantes de Mi Recuerdo estarían detenidos en Trinidad y no fallecidos o desaparecidos en altamar. Pero Trinidad y Tobago niega esta versión.

La clandestinidad de los migrantes

En el oriente extremo de Venezuela, muchas personas encuentran en Trinidad y Tobago una alternativa migratoria por ser un destino cercano y económico. De hecho, un traslado ilegal, en peñeros desde las costas venezolanas hasta el país insular, puede oscilar entre 200 y 400 dólares, confirma Mata. El precio depende de varias condiciones, entre estas la escasez de combustible y, en promedio, cada bote tiene capacidad para trasladar a 34 personas, agrega la activista. “No tienen plata y tampoco la posibilidad de ir a Caracas a sacarse una visa para comprar un boleto aéreo. ¿Qué es lo más cercano para emigrar? Trinidad. ¿Qué es lo más fácil? Un bote”, explica.

El presbítero Jesús Villarroel, presidente de Cáritas Carúpano, afirma que las personas que emigran vía marítima y sin visas son tratadas como “delincuentes”. Y agrega: “Tienen que ser tan oculto (los viajes), tan secreto, que por eso buscan estos lugares oscuros. Migran en botes no aptos, con muchos más tripulantes de los que deben ser. Ya los naufragios nos hacen ver en las condiciones que viajan por ahí, sin chalecos y con combustible limitado”.

Reitera que “son migrantes”, así huyan por rutas irregulares. “Es gente que escapa de la pobreza en Güiria, de la escasez de alimentos, y la deficiencia de los servicios públicos”.  

El presbítero aboga por una “migración justa en la zona”, indicando que el Gobierno de Trinidad y Tobago es rígido. “Es impresionante el rechazo, el odio, según los testimonios que he recogido de familiares. No es un pueblo que acoge como sí ha sido Güiria con Trinidad que acogió en su momento a muchos trinitarios”, lamenta.

Villarroel adelanta que están preparando la construcción de un monumento al lado de la iglesia del pueblo para recordar a todas las víctimas. “Esperamos que no se quede como un naufragio más, sino que todos los naufragios los podamos unir y ponerle rostro; ponerle rostro a este grito al respeto y a la dignidad humana. No hay un número exacto. Pero se estima sean más de 90 víctimas en los últimos tres años. Todo es incierto. Es un secreto a voces. En Güiria se vive así”.

También puede leer:

6 claves sobre la tragedia en Güiria